La sede de la CNDH en la Ciudad de México permanece ocupada por el bloque negro feminista, quienes intervinieron a manera de protesta un gran número de cuadros de Luis Manuel Núñez.
El domingo 4 de octubre se cumplió un mes desde que fueron tomadas las instalaciones de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos de la CDMX a manos del Bloque Negro feminista, conformado por madres y familiares de víctimas y desaparecidas, y por colectivos feministas como Aquelarre Violeta, Movimiento Estudiantil Feminista, y Crianza Feminista; mismas que a la fecha habitan el espacio al que renombraron: Okupa Casa Refugio.
La razón de la toma, es la creciente violencia de género que atraviesa el país, y la inconformidad de las madres y mujeres ante cómo han sido llevados los procesos de investigación de las víctimas.

Erika Martínez agradeciendo el apoyo y donativos que ha recibido de colectivos estudiantiles. Imagen recuperada desde la transmisión en vivo de la cuenta de Instagram de @okupa_ bloque_negro
Erika Martínez, madre de una menor que fue víctima de abuso sexual a los 7 años, explica frente a medios de comunicación y transeúntes que su hija es la autora de la reinterpretación del cuadro de Francisco I. Madero.
No es la primera vez que las intervenciones feministas al patrimonio artístico de la ciudad causan la indignación de mayoría del pueblo mexicano; en el 2018, con motivo de la marcha para conmemorar el día de la mujer, que las de pañuelos violeta y verde hicieron de la ciudad su lienzo, y del glitter rosado su arma. Sin embargo, lo que causó mayor polémica fue la manera en que el movimiento se quiso hacer escuchar, y que, en redes sociales, la toma de la sede de la CNDH fue calificada como un acto violento y vandálico.
https://www.youtube.com/watch?v=yJ0QB7kDWk0
«De haber sabido que esto les iba a arder, hubiéramos tomado las instalaciones desde hace 5 años. Pero no lo hice, no lo hicimos, ¿sabe por qué? porque confié en el debido proceso. Porque quise exigir justicia como todo el mundo me dijo que estaba bien. ¡Pero no más! ¡Ya no! no les estamos pidiendo permiso»
Erika Martínez en el Instagram Live que tuvimos el pasado 4 de octubre desde la cuenta oficial @okupa_bloque_negro
Madres y mujeres del colectivo conmemoraron el primer mes de la instauración de la Okupa dentro de las instalaciones de la CNDH con la participación de la DJ Rosa Pistola, quién ofreció un set de música urbana desde las 15:00hrs. También se vendieron playeras con el estampado del cuadro intervenido de Francisco I. Madero, y hubo un taller de grafitti impartido por Andre Amx.
Desde su llegada al inmueble, y a manera de provocación, El Bloque Negro pintó las paredes, e intervinieron una serie de retratos de ex-presidentes y ex-mandatarios del país, cuadros que son obra del pintor Luis Manuel Núñez. Al respecto, el pintor se pronunció en contra de las acciones que tomaron, pero una semana después, ofreció una disculpa pública y otra dirigida especialmente a Erika Martínez, a quien le prometió pintar otro retrato para que pudiesen subastarlo, y recaudar fondos para su cometido.
Ximena Apisdorf, historiadora del arte, coordinadora de exposiciones temporales del museo Jumex, y mujer feminista, remarca un punto interesante en el marco legal de la subasta: ¿Cómo se puede comprar o vender arte robado? hay países que bajo el pretexto de resguardar, y solventar el cuidado del patrimonio histórico de otros, se han llevado (por no decir saqueado) frontones completos de templos griegos. Lo mismo sucede con esta subasta. Puesto que la obra no es del artista ni de las mujeres del colectivo, es imposible celebrar un contrato de compra-venta legal, sin embargo, bajo la excusa de proteger y mantener el registro histórico que hoy nos envuelve, sería prudente permitir que una institución como el Museo de la Memoria y Tolerancia abriera espacio para el resguardo de estas obras intervenidas.
Es interesante que el contexto religioso de donde viene el artista, Luis Manuel Núñez, funcione de cierta forma como ente simbólico del modelo que el movimiento feminista quiere destruir. Pues bien lo dice Ximena Apisdorf, ni en el arte ni en el psicoanálisis existen las casualidades. Aunque muy probablemente la intención de la menor no era crear una obra de arte, funciona como tal al ser un aparato de expresión que alberga en sus pinceladas el descontento y la indignación de su entorno. Además, como esta, cientos de piezas que hoy son albergadas dentro de museos, son consideradas como piezas artísticas, a pesar de que su función original nunca fue de propósito estético ni artístico, como una pechera de oro maya, pues su intención de ser creada era proteger al sumo sacerdote, y no de admiración y contención en dentro de una vitrina del Museo Nacional de Antropología.
Esta clase de activismo artístico además de replantearnos la forma en que percibimos el arte nos invita a sensibilizarnos con el sentir de las madres y de las víctimas; a cuestionar qué es lo verdaderamente importante y qué es lo ofensivo; y a encontrar nuevas y eficientes formas de exigir que se haga justicia.